Kirchner, grabador vehemente y apasionado


Mónica Cobeta Abad.- El artista alemán Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938) está considerado como una de las figuras más importantes del arte europeo del siglo XX. Radical renovador del lenguaje plástico de su época, utiliza múltiples técnicas en su apasionada búsqueda de la libertad exterior e interior, sin dar preferencia a ninguna de ellas (pintura, dibujo, grabados, escultura, fotografía e incluso decoración de interiores). Exploró contenidos muy diversos entre los que destacan paisajes, vistas urbanas, naturalezas muertas, motivos literarios, composiciones fruto de la fantasía y, sobre todo, la figura humana, aislada o en grupo, en reposo o en movimiento, en interiores o en plena naturaleza. Llegó a recopilar una vastísima producción formada por más de cuatro mil obras entre pinturas, acuarelas, xilografías, tallas y aguafuertes.

Fue uno de los máximos representantes del expresionismo alemán y coofundador del famoso grupo “Die Brücke” (El Puente) en 1905, cuyos pilares fueron libertad, espontaneidad y autenticidad, a los que Kirchner añadiría angustia vital.

Se da por sentado que la gran aportación de este grupo fue la renovación que hicieron de la xilografía o estampación en madera, convirtiéndola en su recurso preferido de expresión artística. Esta técnica, cultivada por Durero, uno de los principales referentes del grupo, les permitió entroncar con las propias raíces del arte alemán, además de expresar su concepción del arte a través de formas toscas, alejadas de los ideales tradicionales de proporción y belleza. La xilografía se convirtió pues en el principal medio de divulgación de su obra, logrando así uno de sus propósitos, el acercamiento de su arte al gran público. Realizaron numerosas exposiciones en Dresde, ciudad en la que surge el grupo, para trasladarse más tarde a Berlín, en 1911, metrópoli cosmopolita que resultó ser el escenario perfecto, donde la producción de Kirchner fue ganando en expresividad, hasta lograr un estilo personal caracterizado por la simplificación formal, los perfiles nítidos en extremo, así como la acentuación de la bidimensionalidad, rasgos de experimentalismo sobre los que giraron sus  creaciones.

La técnica del grabado funciona como crónica de su evolución artística. Incluso podemos imaginarnos al artista desbastando la plancha de madera con un buril. Para él, era un trabajo salvaje, agresivo, que dejaba su huella en la madera representada. Fue uno de los grandes grabadores del siglo XX, llegando a realizar más de dos mil estampas. Él mismo dijo “En ninguna otra parte se conoce mejor al artista que en el grabado”.

Su fascinación por la gran ciudad le llevó a decantarse por las escenas urbanas y los personajes grotescos. Alargando las figuras, consigue una deformación de la realidad que transmite una imagen patética de la misma. El grabado en madera resultaba especialmente adecuado para estos agresivos retratos de la vida callejera en Berlín, alcanzando el pleno dominio de esta técnica con su famosa obra Cocottes en la Postsdamer Platz de Berlín (1914), en la que las formas afiladas y angulosas de las mujeres parecen reverberar en la arquitectura de la ciudad. El espacio urbano resulta amenazante, de la misma forma que estas prostitutas que esperan a sus clientes en la Postdamer Platz se mimetizan con el entorno de la metrópolis, como objetos del mobiliario urbano o como monumentos situados en el centro de la plaza. Una sensación de vértigo se desprende de toda la composición.

Los grabados en madera fueron realizados en blanco y negro o con pocos colores. El blanco y negro posibilitaba una imagen más dramática con figuras muy marcadas. Kirchner, en los grabados de color añadía pinceladas de color sobre los mismos. Por ello, han sido considerados como obra única. Muestras de esta técnica son el Retrato de Otto Müller y Plaza de la Artillería, ambos de 1915. Aunque menos numerosos, los grabados a color vertebran toda su producción, caso de Desnudo bajo los girasoles (1906); Busto de Doris. Muchacha con collar (1907), de impresión a dos tintas a partir de dos matrices, dedicado a su primera pareja; Busto de cocotte con sombrero de plumas (1909); o Violetas de los Alpes (1919) .

Si bien el grabado en madera es la técnica más utilizada, también realiza litografías sobre vitela, como en Niña artista (1909), o sobre cartón, en Tres bañistas entre las piedras (1913), sin olvidar el aguafuerte y punta seca sobre plancha de zinc, en composiciones como Escenas de bar (1913), Abordaje en la calle 11 (1914), Viudas de guerra en la calle (1914), Cocottes de noche (1914), Tres rostros (1929), o Pareja en la biblioteca (1930).

Cuando se encontraba en la cumbre de su creación, coincidiendo con la Primera Guerra Mundial, el exceso de trabajo y su vida desorganizada en Berlín, le conducen a una crisis nerviosa que, con mayor o menor intensidad, le acompañaría hasta el final de sus días. En estos años realizó algunas de sus obras más sorprendentes. Sus autorretratos denotan el miedo y la angustia ante los acontecimientos bélicos y ante sí mismo. De 1918 data Busto del enfermo, grabado en madera a la fibra, a modo de un espejo deformante que le devuelve la imagen de la ruina humana. En él se pueden ver los surcos de un rostro desencajado, las uñas y cabellos descuidados, signos de su salud más deteriorada. En esta época se suceden los retratos de médicos, enfermeros y pacientes, constituyendo uno de los conjuntos de obras gráficas más destacados de su producción.

En 1917, debido a sus problemas de salud se traslada a Davos (Suiza), donde permanecerá el resto de su vida. Allí continúa su fértil producción sin desvincularse de los debates de la crítica y los vaivenes del arte moderno, hasta que, con el ascenso del nazismo, 639 de sus obras consideradas “arte degenerado” son retiradas de los museos alemanes. Kirchner es expulsado de la Academia de las Artes prusiana. Intuyendo una posible invasión de Suiza, destruye parte de su obra y se suicida en 1938, dejando un legado de obras de inspiración vehemente, espontánea, rebelde y apasionada.